1836. Expresiones con «cana» y «caña»

19 junio, 2024

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En este episodio vamos a practicar con dos palabras que pueden ser confusas para los estudiantes de español: cana y caña. Podrás descubrir por qué una persona echa una cana al aire y otra tira la caña a alguien.

Transcripción del audio

Hoy Hablamos, episodio 1836. Expresiones con “cana” y “caña”. 

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Hola, querido oyente, ¿cómo estás hoy? ¿Listo para un nuevo episodio? Bien, pues hoy hablamos de dos palabras, en ocasiones, confusas para los estudiantes de español: cana y caña

Cuando vas a pescar, ¿utilizas una cana de pescar o una caña de pescar? La respuesta correcta es una caña de pescar. Una caña, con eñe, es el tallo de las plantas gramíneas, es decir, es como un palo. En cambio, una cana, sin eñe, es el pelo que se ha vuelto blanco. Entonces, si notas como poco a poco vas teniendo el pelo más blanco en la cabeza, la barba o cualquier otra parte del cuerpo, podrás decir que te están saliendo más canas; que vas teniendo el pelo canoso. 

En este nuevo episodio vamos a trabajar las siguientes cinco expresiones: peinar canas, ser la caña, echar una cana al aire, tirar la caña a alguien y, por último, dar caña. ¿Te suenan de algo? ¿Has oído hablar de ellas antes? Pues vamos a ponerlas en práctica. 

Hoy hablamos de expresiones con “cana” y “caña”.

Hoy te presentamos la historia de una pareja, Adela y Felipe, que tiene la intención de ayudar a encontrar el amor a Manuel, otro amigo. Veremos si su estrategia funciona. ¡Vamos allá!  

«Manuel estaba un poco desanimado. A pesar de que ya habían pasado unos años desde la triste pérdida de su mujer, su media naranja, Manuel seguía recordándola a diario. Sin embargo, este jubilado no renunciaba a encontrar de nuevo el amor. Manuel tenía ganas de ilusionarse de nuevo. Adela y Felipe, dos de sus amigos, le daban ánimos constantemente y le decían que el amor lo esperaba en el lugar menos inesperado. Manuel, que no tenía tanta confianza en sí mismo, cuando escuchaba las palabras de sus amigos, solía responder: «Ya peino canas, no creo que nadie se interese por mí”. Adela y Felipe siempre se reían ante tales comentarios y le decían: “No digas eso, Manuel, eres un hombre encantador, guapo, simpático y trabajador. ¡Eres la caña!”. Un día estos amigos sorprendieron a Manuel con un viaje: lo querían llevar a Benidorm. Le dijeron: “Manuel, vente a Benidorm con nosotros, nos lo pasaremos genial. Es una ciudad de vacaciones con muchas personas que tienen nuestra edad, por lo que quizá ahí surja alguna posibilidad de encontrar de nuevo el amor”. Manuel aceptó la propuesta de sus amigos: “Claro que sí, siempre es bueno echar una cana al aire y volver a sentirse joven. Benidorm me parece un gran plan”. Manuel preparó la maleta con la ropa más elegante que tenía en el armario y su perfume favorito y los tres amigos se dirigieron a esa magnífica ciudad. Manuel no quería perder el tiempo, así que en la primera noche, empezó a tirarle la caña a una mujer que se encontró en un bar. Eso sí, de una manera un poco extraña. Le dijo: “Hola, guapa, te acabo de ver y me he quedado impresionado con tu belleza: tienes un pelo muy similar al de mi caballo, unos ojos tan grandes como los platos de Ikea que tengo en mi cocina y una nariz similar a la de Cleopatra. ¡Qué guapa eres!”. Como podemos imaginarnos, la mujer puso una excusa y se alejó de Manuel, no quería nada con él, ya que consideraba que esas palabras eran ofensivas. Adela y Felipe, después de ver esa escena, se acercaron a Manuel y le dieron caña. Le dijeron que cambiara de actitud, que fuera más respetuoso y tuviera más delicadeza a la hora de hablarle a la gente. Manuel entendió el mensaje, pero se defendió diciendo que, tras varios años viudo, estaba oxidado y había perdido la práctica del arte de la seducción, por lo que Benidorm sería un lugar perfecto para recordar sus años de joven seductor”». 

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